Después de mi "suelta" en Julio, a manos de Pepe de la escuela Ícaro 10, de Cantabria (ahí tenéis el resumen), ésta era la primera vez que cogía un Ala, y de mi propiedad, ¡toma ya!
Ahora tocaba retroceder un poco y volver a las carreritas.
Después de mirar y remirar a través del google-maps una zona decente para correr, y que no me alejara mucho de casa, un día viniendo en tren, lo vi, claro como el agua, con su desnivel a poca altura y sin obstáculos. Delthoya Va por una carretera paralela a la A-3, que se entra por la SALIDA 337, pasando por detrás de la gasolinera.
Después de mirar y remirar a través del google-maps una zona decente para correr, y que no me alejara mucho de casa, un día viniendo en tren, lo vi, claro como el agua, con su desnivel a poca altura y sin obstáculos. Delthoya Va por una carretera paralela a la A-3, que se entra por la SALIDA 337, pasando por detrás de la gasolinera.
Era una hoya enorme que permitía enfrentar el viento desde cualquier dirección. No daba para grandes planeos; a decir verdad, no daba ni para medios, pero si quieres ver la estabilidad del ala, si sale con fluidez en la arrancada, y si no hace un "extraño", era más que suficiente. Encontrar ésto en la zona de Levante, es un logro, ya que los naranjos, oliverales y demás árboles frutales que os podáis imaginar, copan todo el paisaje valenciano, aparte de urbanizaciones por doquier.
El caso es que allá fuimos mi mujer, Ana, y yo con la autocaravana, que ya tenía una escalera en el techo colocada para tal fin, a probar el Atlas.
Me llevó un tiempo el montaje, pero para colocarle el push-pin a los cables de morro, se nos ocurrió levantarla sin darnos cuenta que estábamos contra el viento. Menos mal que fue una pequeña racha, pero ya le dio para suspender a Ana un metro en el aire y llevarnos un buen susto.
Cuando nos recompusimos del varapalo, acabamos de montarla y aun me dio tiempo a pegarme unos trotecillos entre los cardos borriqueros que abundaban en la planicie y quedarme más que satisfecho con el resultado.
Me llevó un tiempo el montaje, pero para colocarle el push-pin a los cables de morro, se nos ocurrió levantarla sin darnos cuenta que estábamos contra el viento. Menos mal que fue una pequeña racha, pero ya le dio para suspender a Ana un metro en el aire y llevarnos un buen susto.
Cuando nos recompusimos del varapalo, acabamos de montarla y aun me dio tiempo a pegarme unos trotecillos entre los cardos borriqueros que abundaban en la planicie y quedarme más que satisfecho con el resultado.